El 5 de octubre a las 20:00 horas, inauguración.

TXARO FONTALBA

Deslenguadas y otras tartamudas.

Del 5 de octubre al 23 de noviembre de 2018.

Hoja de Sala

“El feminismo ama otra ciencia: las ciencias y las políticas de la interpretación, de la traducción, del tartamudeo y de lo parcialmente comprendido”. Donna Haraway

“Más allá del margen de la hoja que se lee, bulle una babel pagana en voces deslenguadas, ilegibles, constantemente prófugas del sentido”. Pedro Lemebel.

“Las gallinas son tartamudas”. Ramón Gómez de la Serna

Presento un conjunto de esculturas y dibujos realizados durante este último año, que lleva como título “Deslenguadas y otras tartamudas”. Han ido apareciendo durante este tiempo lenguas cortadas, separadas o extraídas del cuerpo, anudadas. Hago alusión a perder la lengua, callar, no disponer de la palabra o del espacio público y al mismo tiempo ser procaz, lenguaraz, decir lo inapropiado.

Hablar, blablablear, chacharear, tararear, cacarear, carcajear, balbucear, enmudecer, tatatachartartatamudear; cortar, interrumpir, repetir, bloquear, tropezar, cojear, zozobrar.
Palabrear, paladear, hacer agujeros en las palabras y huecos en las sílabas.

Hablar es una experiencia material de la lengua, con la lengua, es la lengua que habla y la lengua que se habla. La lengua es el órgano más cercano al lenguaje, la lengua en la lengua (Gabriela Milone), donde órgano y lenguaje se juntan, indiscernibles. Sentir y experimentar la materialidad del habla, paladear los sonidos, como recuerdo de ese balbuceo que se olvida con el aprendizaje del lenguaje.

“Estamos apresados por la lógica del alfabeto”, dice Lemebel. Sacar la lengua, sacar a la lengua de ser una convención estable. Un diccionario tartamudo regido por elementos fonéticos fuera de la lógica de lo fonético. Aspiro a una región intermedia entre el balbuceo y la palabra, más allá de los significados específicos pero sin ser por ello totalmente insignificantes.

Desplazar palabras, sacarlas de los ejes y someterlas a una variación continua. “Yo no podría contar la multitud ni tampoco nombrarla aunque tuviera diez lenguas y diez bocas” (Homero, citado por Umberto Eco, en “El vértigo de las listas”). No hay suficientes lenguas en la boca, para atender al habla que desborda. “Un habla que no sabe lo que dice, la histeria”. (Maite Garbayo).

Existe una caracterización misógina del habla femenina, la cháchara, término utilizado por Cristina Molina Petit, que se refiere a un conocimiento considerado como un saber inferior, pero que se puede repensar, reinventar, para desfeminizarlo y hacer de él un espacio legítimo de significado (María PTQK). El tartamudeo es también una forma de resistencia a la autoridad (llamemos paternal o patriarcal). Se trataría de no considerar la tartamudez como una minusvalía o un trastorno, sino ver que implica una alta conciencia de las relaciones de poder en el lenguaje.

Amar la lengua y también experimentar su tendencia a la mudez, a la afasia, al tartamudeo. Amar el mero hablar, antes o al margen de cualquier contenido o significación y exponerse así a las repeticiones a las que el habla tiende. Conquistar el derecho al tartamudeo en oposición al bien-hablar mayoritario. O celebrar sencillamente que “hay lenguaje”, el saber y el sabor del lenguaje. Una invitación a tartamudear.